El sector del packaging está viviendo una transformación profunda. El PPWR, la Responsabilidad Ampliada del Productor, la fiscalidad asociada a los envases y las nuevas exigencias ambientales están cambiando las reglas del mercado.
Adaptarse requiere conocimiento, inversión y, sobre todo, tomar decisiones.
Durante los últimos años, muchas empresas hemos dejado atrás determinados productos, incorporado alternativas y trabajado junto a nuestros clientes para anticiparnos a un mercado cada vez más exigente.
Y lo hemos hecho sin dejar de ser competitivos.
Por eso resulta preocupante comprobar cómo todavía existen operadores que parecen buscar esa delgada línea entre lo permitido, lo cuestionable y aquello que puede llegar a incumplir la normativa.
No todas las situaciones son iguales. Existen productos prohibidos, productos sujetos a requisitos específicos y otros que continúan siendo legales, aunque quizá representen modelos con cada vez menos sentido dentro de la evolución ambiental del mercado.
Pero detrás de todos ellos existe una reflexión que consideramos necesaria:
¿Debemos preguntarnos únicamente si todavía podemos vender un producto o también si debemos seguir haciéndolo?
En Valsons tenemos clara nuestra posición.
Cumplir la legislación es obligatorio. La ética empresarial empieza precisamente a partir de ahí.
Llevamos más de 40 años compitiendo en el sector del packaging y queremos seguir haciéndolo desde la innovación, el servicio, el conocimiento y la capacidad de ofrecer soluciones eficientes a nuestros clientes.
Sostenibilidad y competitividad no son conceptos enfrentados.
El verdadero desafío consiste en encontrar soluciones que funcionen ambiental, industrial y económicamente.
Por eso creemos también que una regulación ambiciosa debe ir acompañada de información clara, criterios homogéneos y una vigilancia efectiva del mercado.
No necesitamos menos competencia.
Necesitamos competir con las mismas reglas.
Porque el futuro del packaging no debería construirse preguntándonos cuánto podemos acercarnos al límite de la legalidad.
Debería construirse preguntándonos cuánto podemos avanzar sin renunciar a nuestra responsabilidad.
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